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San José: un padre de ensueño

Un testimonio de fe, confianza y paternidad espiritual


"No me acuerdo hasta hoy de haberle suplicado nada que no me lo haya concedido."

— Santa Teresa de Ávila



En mi vida, mi padre de la tierra ha sido —y es— un regalo de Dios. Lo amo profundamente. Y como todo padre humano, con su propia historia, sus luces y sus límites, hubo momentos en los que, desde su humanidad, no siempre pudo estar como yo lo hubiera necesitado.

Con el tiempo comprendí que mi corazón no buscaba perfección… buscaba la presencia protectora y el ejemplo de un hombre fiel.


Y fue ahí donde, casi sin darme cuenta, hice una oración muy sencilla pero muy profunda: le pedí a San José que fuera mi padre.

Y San José respondió.


La primera vez que lo experimenté fue en una necesidad muy concreta: necesitaba trabajo. Me acerqué a él con confianza y comencé a rezar los 30 días, poniéndolo todo en sus manos y, en un papelito, muy bien descrito lo que necesitaba: cuántas horas, cuántos días, qué tareas quería hacer… y hasta cuánto quería ganar.


¡No alcanzaron a pasar los primeros seis días y él ya respondió! Me concedió ese trabajo soñado. Lo único —y con lo que siempre bromeo— es que el dinero era en "bruto", pero yo no se lo había aclarado: ¡Era en neto, San José, en neto! :D

Pero no sólo eso. San José dejó su huella de una manera que no podía ignorar: cuando fui a firmar el contrato, la fecha de inicio era el 1 de mayo. Día de San José Obrero.

Ahí entendí algo: no había sido casualidad. Era su modo paternal de mostrarme que él cuidaba de mí y de mis necesidades. ¡Gloria a San José!


Pasaron los años. Diez años.


Y la vida volvió a colocarme en un momento parecido. Otra vez la necesidad, otra vez la incertidumbre… y esta vez, con más conciencia, volví a acudir a él.

Volví a rezar esos 30 días, pero ya no desde la duda, sino desde la confianza de hija.

Y San José volvió a responder.



De nuevo, me concedió un trabajo. Y de nuevo, dejó su firma.

El contrato lleva fecha de inicio 19 de marzo. Día de San José. Un día como hoy. Y de nuevo (y no me canso): ¡Gloria a él!


Entonces comprendí algo aún más profundo: San José no solo intercede… acompaña, guía, confirma y protege.


Hoy puedo decir que tengo mi padre en la tierra, que hace el asado más rico del mundo y con quien amo compartir tiempo y reír juntos, y tengo un Padre en el cielo que vela por lo concreto de mi vida. Y que es siempre fiel y protector. Que no hace ruido… pero lo hace todo, con la mansedumbre de quien ha aprendido a tallar la madera.

Él también puede ser tu padre, si se lo pides con confianza y fe. Un padre con un amor tan real como discreto.


Porque así ama San José: en silencio… pero con una fidelidad que deja huella en tu corazón.

Gracias San José.

¡Feliz día, papá!


Gaby Arce


Reza los 30 días a San José

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